Mario tiene 52 años y sufre presbicia o vista cansada. Es decir, tiene dificultades para enfocar los objetos a corta distancia. Trabaja atendiendo al público en una oficina, lo que constantemente le exige el esfuerzo visual de adaptarse a distintas distancias, fijando la vista en el ordenador, en sus notas o en sus clientes. Su optometrista de confianza le ha aconsejado utilizar gafas progresivas. ¿Por qué?

Con una misma gafa graduada podremos ver nítidamente a todas las distancias: miraremos a través de la parte inferior del cristal para las más cortas y utilizaremos el área superior de la lente para las de mayor recorrido.

Si trabajas en una oficina, trabajas de cara al público u otros ámbitos, las gafas progresivas pueden ser una buena opción, ya que te permitirán realizar tus tareas diarias con comodidad sin tener que quitar y ponerte la montura continuamente, como ocurre con las monofocales.

Cada usuario tiene un requerimiento visual diferente y su propio ritmo de vida. Por este motivo, las lentes deben adaptarse a nosotros y no al revés. Es imprescindible ponerse en manos de un buen optometrista para encontrar el progresivo idóneo para nosotros.

¿Qué factores debemos tener en cuenta para una correcta adaptación de este tipo de lentes?

Graduación:

Debemos considerar el tipo de refracción de cada usuario. Una persona con una graduación mayor deberá optar por una lente de campo visual muy amplio.

Distancia interpupilar:

Como su nombre indica, es la distancia que existe entre las pupilas de ambos ojos. Medir correctamente esta distancia es crucial, ya que unas referencias erróneas pueden comprometer nuestra agudeza visual.

Altura del progresivo:

Este es uno de los aspectos más importantes del progresivo. Tiene que ser exacta. Es muy importante hacer coincidir el centro de la visión lejana con la pupila del usuario cuando mira de lejos de manera natural. En caso contrario, el paciente nunca llegará a encontrarse cómodo con sus gafas.

Elección de pasillo:

El pasillo del progresivo es la distancia vertical entre el punto de visión lejana y la zona de máxima adición (graduación de cerca). Definiendo correctamente el pasillo conseguimos una progresión más suave y que la zona de visión de cerca se ajuste a la postura habitual de lectura del paciente.

Por último, tampoco podemos olvidarnos del montaje, que deberá ser extremadamente minucioso y exacto para garantizar al paciente la mejor experiencia posible con sus nuevas gafas progresivas.

Como veis, son muchos los factores que intervienen en la elección de una gafa progresiva. Requieren, además, un período de adaptación para acostumbrar a nuestros ojos y cerebro a las diferentes potencias de refracción de la lente, así como a las pequeñas distorsiones ubicadas en los márgenes. Por todo ello, es primordial poner tus ojos en manos de un profesional, como los que te atenderán en Vita Óptica Valladolid 😉

¡Hasta la vista! 😉

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